El pasado domingo 22 de enero no fue un día cualquiera, y no me refiero por haber dormido tan sólo dos horas la noche anterior, sino que ese día disputaba mi primera media maratón.

A las 6:30 am sonó el despertado. “¡ Hora de levantarse!”, mientras, una mezcla de nervios y resaca por una mala noche, invadían mi cuerpo, eso sí, no hay mejor remedio que una buena ducha para que, por lo menos, se despierte tu cuerpo y mente. Aunque los nervios impidieron que pudiera desayunar antes de salir de casa.

Pasadas las 7:30 am, tanto Germán como yo, salíamos de casa dirección Las Arenas. Como sabíamos que llegar a esa zona en coche sería complicado, decidimos coger taxi…”Error”, más de 30 minutos para intentar coger un taxi. Y es que ninguno de los taxis que parábamos nos quería llevar, el motivo, según ellos, el atasco que en esa zona había. 

Eran las 08:05 y ya los desánimos afloraban, ya que la carrera empezaba a las 8:30 y aún estábamos en San Telmo buscando algún transporte público que nos llevase hasta el Auditorio. La desesperación e impotencia se apoderaba de mi, ya que todo pintaba a que por tiempo, no podría correr la media maratón, mi primera media maratón, esa a la que tantas horas de mi último año había dedicado en entrenamientos.

Pero todo cambió, un policía, al que había preguntado con anterioridad que en donde podía coger un taxi, había parado a uno y me gritó desde la otra punta de la calle para que, obligando al taxista a que nos llevara hasta aquella zona, nos pudiera llevar. No sé cuál será el nombre de ese policía, pero desde aquí, les doy las gracias porque seguro que sin su ayuda, ahora mismo, no estaría escribiendo este post.

Durante el recorrido en taxi, unos 10 minutos, me tuve que preparar (ponerme el dorsal, colocarme el medidor de la frecuencia cardiaca…) porque ya íbamos muy pillados de tiempo, sólo faltaba 15 minutos para que saliera la carrera y yo aún sin llegar…”Dios que nervios”. Pero sí, llegué, eso si, sólo me dio tiempo de cerrar los ojos, suspirar y comenzar a correr.

21 km me esperaban durante casi 2 horas, no sabía si lo iba a lograr tras el estrés de llegar o no y la suma de falta de sueño, tenía todas las papeletas para abandonar la carrera en algún kilómetro. Fue duro, sobre todo cuando íbamos por la Avenida Marítima. Ese viento en contra en los últimos kilómetros dejaba bastante huella y avanzar cada 100 metros se convertía como si hubiese corrido un kilómetro. Si a eso, le sumas la falta de público que animara en ese trayecto, todo se complicaba.

Tras meternos luego por varias calles de Las Palmas, el último trayecto era por la Avenida de Las Canteras. Nada más incorporarte a la Avenida, ya podías ver la zona de meta y allí me di cuenta que con un empujón más podía conseguirlo, podía llegar a la meta.

La sensación de los últimos metros fueron como que faltaba por recorrer kilómetros aún, además, ya cojeaba de una pierna porque me había salido una ampolla en la planta del pie justo a mitad de la carrera y aquello parecía que estaba metiendo la planta del pie en aceite hirviendo.

Pero ahí estaba, justo delante mía “La Meta”. 21 km había dejado atrás, 21 km de sufrimiento, 21 km de escuchar a mi cuerpo, 21 km de desconectarme del mundo, 21 km de animarme a mi mismo, 21 km de alguna lágrima. Todos esos 21 km, se convirtieron en uno, FELICIDAD.

Había cruzado la meta y con él se había cumplido mi objetivo: Hacer mi primera media maratón en menos de 2 horas, y lo conseguí. 21 km en 1:54:38.

Ahora sé que puedo, que se sufre, si, pero en esta vida para conseguir algunas cosas, hay que sufrir.

Nunca olvidaré esta carrera, mis primeros 21k.

Desde aquí agradecer a mi marido por estar ahí, a mi familia por acompañarme, amigos y compañeros por los ánimos, y felicitar a la organización y todos los colaboradores por este evento.

A continuación, les dejamos con algunas imágenes de la carrera y un video.